domingo, 8 de noviembre de 2009
Buenas noches
Me llamo Lola y acabo de cumplir 30 años. Siempre he pensado que la crisis de las treintañeras era tan solo una excusa que aquellas que no habían sido felices durante los 29 años previos utilizaban para sentirse mejor. Pero no. Ahora veo que no es así. Y es que yo, que siempre he creído estar por encima del bien y del mal, empiezo a ser consciente de que mi estado anímico de los últimos 12 meses tan solo era la antesala de lo que iba a vivir después. Ha sido un año cargado de amor, de desamor, de inseguridades, de camas deshechas, de hombres que no quieres ver cuando salga el sol, de hombres que te hubiera gustado que no se fueran con la noche... De un sinfín de experiencias sensoriales que se han quedado en nada. Eso sin olvidar las horas perdidas en el psicólogo, los colocones nocturnos envuelta en lentejuelas y perfume caro, los bajones del día después; las amigas de la universidad que hace años que no ves pero que tienen el detalle de invitarte a su boda; las amigas que veías con frecuencia pero que han desaparecido entre pañales y biberones... Y a pesar de todo, aquí sigo yo, dispuesta a todo con tal de encontrar un sentido a la trayectoria que ha seguido mi vida hasta el momento. Porque hasta este preciso y delicado instante siempre he sido feliz. ¿Qué ha fallado? no lo sé. Tal vez sea la hora de averiguarlo. Aunque para ello tenga que bucear en una cama de sábanas desiertas.
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