martes, 23 de febrero de 2010





HASTA AQUÍ

No puedo con la envidia, la avaricia, las ansias de poder, la ambición mal entendida, la mediocridad, la inutilidad mental. No puedo con ello y sin embargo, esta es la realidad a la que me enfrento a diario.

Cuando aterricé en aquel lugar, hace ya no sé cuanto tiempo, yo era distinta. Recuerdo me levantaba con toda la ilusión del mundo para afrontar la jornada con la máxima positividad. La gente, entonces, me parecía agradable, divertida y capaz de aportar cosas buenas al entorno. Entonces éramos más jóvenes y estábamos incorruptas.

Pero el tiempo ha pasado y con él todos nos hemos ido descubriendo. No sé cómo me verán a mi. En realidad no me importa. Lo que sí sé es cómo percibo yo los cambios que se han ido produciendo en estos larguísimos y cada vez más densos meses. Me he sentido traicionada, engañada, utilizada y, en ocasiones, humillada.

He visto cómo personas a las quería han traicionado sus amistades por conseguir un puesto. Un logro alcanzado con malas artes y que, ni de lejos, responde a un premio a su talento. Precisamente, este es un don del que carecen muchos de los que tengo a mi alrededor. Eso sí, ellos parecen no saberlo. Pagados de sí mismos, sólo son capaces de mirar su ombligo. Nada importa lo que le suceda al de al lado. Porque su mundo se reduce a esas paredes.

Y ahora aquí estoy yo, vomitando miserias en este espacio porque ya no confío en ninguno de los que me rodean. Cualquiera es susceptible de duda, porque los principios, la moral y la fidelidad son términos poco empleados en este hábitat.

El no-lugar está acabando conmigo, ha enterrado mi ilusión y siento que ya no queda mucho para que provoque mi marcha. Y lo haré con la cabeza muy alta y la conciencia limpia. Y eso, no hay nómina que lo pague.

lunes, 22 de febrero de 2010



Una vez más, BCN

Es curioso, acabo de ver Vicky Cristina Barcelona y todo ha vuelto a mi mente. El tiempo que pasé en la Ciudad Condal yo era como Cristina. También tenía ganas de experimentar. Necesitaba un cambio de aires y los encontré allí, justo el día que le vi abrir la puerta de su portal con un bongo gigantesco a cuestas. También era un artista, un bohemio incomprendido; con tanta fuerza y con tantísimas ganas de beberse la vida que resultaba imposible no caer rendida ante él. También hacía calor y tenía dos meses para disfrutar a su lado.

Era todo lo opuesto a lo que había conocido anteriormente. Un espíritu tan libre que cualquier idea que saliera de su mente se convertía automáticamente en una orden para mi. Dejé mi pelo suelto y los rizo que tanto odiaba en la capital empezaron a resultarme agradables.

Yo, una niña bien que siempre había tenido de todo, empecé a encontrar terriblemente atractivo el hecho de caminar descalza por la ciudad, de dormir en playa bajo la luz de las estrellas, de hacer de la ciudad mi campo de batalla... de todo aquello que jamás hubiera imaginado.

Recuerdo como a su lado comencé a entender que la gente era mucho más que la imagen que proyectaba. Que escondido tras unas rastas y un cuerpo teñido de tatuajes podía esconderse un alma con la que tenía más puntos de unión que de distancia. Que daba igual en qué lengua hablaras si lo que importaba era convertirse en amigos.

De su mano aprendí que el mundo iba más allá de lo que me habían enseñado. De cualquier momento hacía algo especial, único. Un aventurero incansable, un "pirata" de las emociones que había surcado los confines del corazón y que quería compartir conmigo los tesoros que había encontrado en aquellas remotas islas.

Mis dedos recorrieron una y mil veces su espalda tatuada y mi mente se apropió de sus vivencias como si hubiera sido yo la propietaria primigenia. Todo era tan intenso que el tiempo desapareció de mi mente. Los días y las noches transcurrían de un modo muy extraño. Porque 24 horas a su lado eran mucho más que un día.

Y así pasó el verano con cientos de pintorescos personajes con los que compartimos nuestro amor. Personas que sin él nunca hubiera conocido. Amigos que años después llevo conmigo. Pero como todo lo que es ajeno, al final tienes que devolverlo a su propietario. Y cuando ya conocí su universo en profundidad supe que había llegado el momento de marchar. Nunca hubo rencores, ni dolor, ni siquiera una despedida. Nunca preguntó de dónde venía y nunca a dónde me iba. Sencillamente me dejó marchar, sin más.

Por eso, diez años después aún soy capaz de recordar esa experiencia como la más enriquecedora de mi vida. Un punto y a parte que me llevó a conocerme y a convertirme en lo que ahora, por dentro, soy.

viernes, 19 de febrero de 2010



K-MALEONI-K


Me he dado cuenta de que cuando estoy bien, feliz, en lo alto de la ola no sé escribir. Las palabras me salen mejor cuando caigo. Es probable que por eso, las mejores canciones hablen de corazones rotos, de soledad, de tristeza y de nostalgia. También curioso ver cómo el alma se alía con el talento para dar a luz composiciones capaces de derribar hasta la coraza más firme.

Pero ahora que he sacado de un plumazo las malas vibraciones que me estaban carcomiendo desde hace meses, me niego a pensar que mi inspiración se ha ido con ellas. Porque ahora mi inspiración es él, mi familia, mis amigos (que no son, ni de lejos, todos los que aparentan serlo), mi casa, mi perro, mi... mi vida, en definitiva.

Su cambio ha generado en mi otro cambio. Él se ha apaciguado y yo por mimetismo, también. Ha sacado lo más dulce que hay en sus entrañas y yo, he bebido de esa dulzura para hacer lo propio. Como el mejor de los camaleones estoy mudando mi aspecto para sintonizarme con el suyo. Pero lo bueno es que él está recorriendo el mismo camino hacia mi. Las diferencias que nos distanciaban se convierten ahora en puentes tendidos entre nuestros sentimientos. Ya no quiero dudar. Voy en busca de la estabilidad y estoy dispuesta a intentarlo a su lado. Encuentro divertido lo que antes me aburría y él interesante lo que antes descartaba. Ese es el objetivo. Y está saliendo bien.

Cansada de repetirme que la gente no cambia, he llegado a creerlo. Pero, si yo soy capaz de cambiar ¿porqué no los demás? Al fin y al cabo, la vida es una sucesión de momentos que te van puliendo; haciendo que te adaptes a cada uno de ellos; modificando tu carácter a merced del ambiente. En eso consiste la supervivencia. Y no olvidemos que nosotros no somos más que animales racionales, o eso dicen.