martes, 23 de febrero de 2010





HASTA AQUÍ

No puedo con la envidia, la avaricia, las ansias de poder, la ambición mal entendida, la mediocridad, la inutilidad mental. No puedo con ello y sin embargo, esta es la realidad a la que me enfrento a diario.

Cuando aterricé en aquel lugar, hace ya no sé cuanto tiempo, yo era distinta. Recuerdo me levantaba con toda la ilusión del mundo para afrontar la jornada con la máxima positividad. La gente, entonces, me parecía agradable, divertida y capaz de aportar cosas buenas al entorno. Entonces éramos más jóvenes y estábamos incorruptas.

Pero el tiempo ha pasado y con él todos nos hemos ido descubriendo. No sé cómo me verán a mi. En realidad no me importa. Lo que sí sé es cómo percibo yo los cambios que se han ido produciendo en estos larguísimos y cada vez más densos meses. Me he sentido traicionada, engañada, utilizada y, en ocasiones, humillada.

He visto cómo personas a las quería han traicionado sus amistades por conseguir un puesto. Un logro alcanzado con malas artes y que, ni de lejos, responde a un premio a su talento. Precisamente, este es un don del que carecen muchos de los que tengo a mi alrededor. Eso sí, ellos parecen no saberlo. Pagados de sí mismos, sólo son capaces de mirar su ombligo. Nada importa lo que le suceda al de al lado. Porque su mundo se reduce a esas paredes.

Y ahora aquí estoy yo, vomitando miserias en este espacio porque ya no confío en ninguno de los que me rodean. Cualquiera es susceptible de duda, porque los principios, la moral y la fidelidad son términos poco empleados en este hábitat.

El no-lugar está acabando conmigo, ha enterrado mi ilusión y siento que ya no queda mucho para que provoque mi marcha. Y lo haré con la cabeza muy alta y la conciencia limpia. Y eso, no hay nómina que lo pague.

No hay comentarios:

Publicar un comentario