
THE Q-TRELUX
Cuando llegué ayer al periódico, porque a eso me dedico, no me imaginaba cómo iba a terminar la jornada. Mi jefe, conocido popularmente como Martín Lobo, es un fan incondicional de toda buena morralla televisiva que se preste. Una estriónica tertulia con la madre coraje de España, la prima de la gitana que más sentimientos encontrados despierta y los pseudofamosos que alcanzan la fama gracias a un sonoro polvo bajo un edredón en una casa blindada, etc., etc., etc... es uno de sus pasatiempos preferidos.
Y claro, como no podía ser de otra forma, tanto tiempo paso a su lado que al final también yo he sido pasto de las llamas del mundo freak. Lo cierto es que siempre he sido más de la Jurado que de Karajan y de Corín Tellado que de Kafka... pero vamos, huelga decir que soy una mujer letrada y muy letrada, que para eso soy periodista (título que me capacita para hablar de lo que quiera, domine o no el tema en cuestión).
El caso es que cuando llegamos a la redacción, los de Comunicación, conscientes de nuestro peculiar gusto, nos preguntaron que si íbamos a ir a la Gala del 20 aniversario de Tele 5. Esa gran cadena. «¿Cómo? ¿que hay una gala?, tenemos que ir Lola». Y nada, allí que nos plantamos. Durante unas cuantas horas estuvimos los dos haciendo un repaso mental de los programas que más nos habían marcado. Por supuesto, Sensación de Vivir encabezaba la lista de ambos. Jason Presley y Luke Perry habían marcado nuestras tiernas e inocentes adolescencias. Pero pronto caímos en los bailes que nos habíamos marcado en el patio el colegio (Martín tuvo su tendencia clara desde muy niño) al son de Xuxa, aquella brasileña que levantaba las pasiones de los niños . El Letirap, las curvas de las Mamachicho, Médico de Familia y Al Salir de Clase completaron el cuadro.
Martín se pasó toda la tarde con el soniquete de las Mamachicho y, por mimetismo, yo también. Así que así se pasó el día hasta llegar allí: el Palacio de los Deportes de Madrid nos abría sus puertas. Por el photocall, el brutal desfile de los personajillos que tanto nos enganchan. Una aparentemente tímida Belén Esteban; la nietísima, Carmencita, con un minivestido negro imposible en su figura (¿es como el mamut de Ice Age que se cree una zarigüella o que?); la siempre momificada, pero estupenda, Carmen Lomana (con unos zapatos que costaban más que mi vida...); Terelu, la hijísima, disfrazada de burbuja de Freixenet; Risto, Mejode, con ese careto tan simpático que tiene (este chico debe tener fatal la flora intestinal); y Antonia San Juan con un vestido verde que resaltaba, y mucho, los relieves de sus pechos son algunos de ellos.
Al mismo tiempo que Martín y yo fingíamos hacer fotos encaramados a la plataforma de los reporteros gráficos, teníamos las antenas alerta ante los posibles cotilleos que se cocían alrededor... que si Anaconda (pluma fresca donde las haya) charlaba con la Lomana... que si la Hornillos freía a preguntas a la estupenda Pilar Rubio... que si la Esteban insistía en no dar detalles de su divorcio o no-divorcio... etc, etc.
Pero por fin llegó el gran momento: «¡Coño Martín, deja el bocata para luego que esto va a empezar»... Trasiego en foso, trasiego en la zona VIP y trasiego en las gradas, y... un, dos, tres ¡dentro!Jesús Vázquez haciendo su aparición estelar. Las triunfitas explotadas cantando todo y más. Carmen Sevilla sin tener muy claro en qué cadena estaba (¡¡dos veces dio la señora las gracias a TVE!!). Carmele Marchante bailando a su bola creyendo que estaba en Eurovisión. La Milá revolcándose por el suelo con Coronado (que portaba, por cierto, un bigote a lo Arrocet). Y la Rubio bajo un chorro de agua que en sus propias palabras le «empapó las bragas», fueron algunos de los dulces con los que dieron la bienvenida.
Y allí nosotros venga a darle a lengua, descojonados de todos y de nosotros mismos. Porque eso sí, a payasos no nos gana nadie. Y, ya puestos ¿qué mejor que meterse en faena y disfrutar de todo como si fuera el mejor espectáculo del mundo? Pues eso hicimos. ¡Ah! y todo regado con cerveza. Con mucha cerveza, que Martín es como un pozo sin fondo. Así que nada, echamos de menos a Emilio Aragón, a Xuxa, a Chechu (que feíto se quedó el pobre con el desarrollo hormonal), a los de Sensación de Vivir , a Leti y a muchos más. Pero nos lo pasamos bien, muy bien (sobre todo observando el cuerpo de ese portento de la naturaleza que es Miguel Ángel Silvestre, ¡Pá comérselo!). Con la tripa llena y los deberes hechos salimos, esquivamos a los fans de la telebasura (que son una especie aparte cuya biblia parece ser el catálogo del Pinkie) y enfilamos a casita, que hoy tocaba trabajar.